sábado, 17 de marzo de 2012

Se nota: en Aldo´s Vinoteca y Restaurant saben lo que son y hacia dónde van

     Es cuestión de empujar la pesada puerta de Moreno 372 para saber, de movida, que vas a pasar un momento agradable. Para mí, que me irrito con facilidad con los ruidos (ok, lo admito, soy una fóbica antisocial y rara vez cambio de restaurante porque soy bastante neurótica), la disposición del salón ya me puso de buen humor (mesas bien separadas, pero bien eh!, no escuché la conversación de los vecinos comensales en ningún momento). Lo único que aturde es la cantidad de vinos (y sí, es una vinoteca): me resulta obsceno que existan personas que puedan distinguir todas (o la mayoría) de esas botellas.
     El menú es cortito y al pie, sinónimo de "hacemos poco, pero lo hacemos bien", y los mozos y mozas, si pasan cerquita, no dejan escapar la oportunidad de preguntar si todo marcha ok.
     "Todo lo que tengo acá lo probé y es lo que me gusta, no tengo que transar con nadie", dice Aldo Grazini, con la carta de vinos en la mano. Y claro! Cómo va a llegar él, archiconocido en el mundillo gastronómico, a tener (a mi modo de ver), el bodegón que soñó, transando con marcas y bodegas? De ningún modo. Se le nota que está como perro con dos colas por haber llegado, estar, y saber perfectamente qué quiere y cómo lo quiere. "Cuánto querés gastar, porque tenemos botellas de 30 pesos y de 1.500", y yo, que lo único que se es que me gusta Malbec, tiro un número y me dejo aconsejar, con la certeza de un triunfo seguro.
    Los ñoquis con hongos deliciosos, el vino un espectáculo y el dueño pululando por las mesas, hablando con todos (sí, con todos democráticamente) pero no incomodando a nadie (reitero: soy una fóbica antisocial) lograron que sea tan palpable el bienestar que siente tanto el que está comiendo como el que está trabajando, que cuando llegué a casa dije "yo trabajaría gratis en ese lugar". (Y la hinchada cantó: vamos a volveeer, a volver, vamos a voleerrr).

1 comentario:

  1. Fe de erratas: Aldo GRAZIANI, no Grazini, cualquiera (muerte para mí y todos mis compas!)

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